4 ene 2010

Cansado

Ha empezado una nueva década. Las gentes celebran, se desean "feliz año" mientras aguardan los regalos de Reyes. Pero debemos volver al trabajo, pues el carnaval pasa, y aquí estamos, en el mismo punto en el que lo dejamos segundos antes de las atragantadizas uvas del demonio. Todo ha cambiado para que todo siga igual.

Escribo desde el mismo sillón, y en el mismo ordenador con su mismo olor a tiempo perdido; y lo hago por no mirar a los horrores que aguardan por mis adentros. Escribo de noche, porque el día y sus obligaciones me aterran, porque sólo así sale a la luz el dolor que arrastro sin que en el intento resulte una mueca impostada.

Escribo mientras en mi interior se arremolinan deseos de cosas imposibles, odios a todo aquello que amo, temblores por aquello que siempre me protegió. Sigo sin saber como estar en el mundo sin partirlo en dos de rabia o desdén. Sigo encorvado, sumiso, ahogado en autocompasión. Sigo enamorado y sin embargo, no deseo satisfacer ese amor. Ya no es en broma; el disfraz ha calado la piel: ahora sé que soy un no-muerto.

Al menos siento que he encontrado algunas respuestas. La ausencia de sentido nos condena a todos en este mundo de abandonos. Somos los más huérfanos de la historia, pues ni Dios quiere ya adoptarnos en el seno de la ignorancia. Y así quedamos, a la deriva, ocupándonos en las más absurdas tareas a las que, en el mejor de los casos, tildamos de "imprescindibles" para intentar convencernos de seguir siguiendo. Pero..imprescindibles ¿para quién? ¿para qué?

¿Para alcanzar un título sin valor a través de exámenes que no demuestran nada? ¿Para cumplir con las obligaciones de un trabajo explotador en el que nos obligamos a sentirnos "autorrealizados"? Para mantener unas relaciones sociales que cuestionamos sin ningún coste de esfuerzo: hago "así", y ya no te necesito. Para mantener compromisos con otros seres tan perdidos como nosotros, tan temerosos que huyen al menor de los crujidos pensando que el palo caerá de nuevo sobre sus cabezas. Para permanecer, en cualquier caso, en una soledad con respecto a nuestros pensamientos más sinceros, de los que huímos rodeándonos de lo más absurdo que encontremos, con tal de no pensar o sentir. Viva Belén Esteban. Viva la televisión, los ordenadores, el sexo sin sentido y todo lo que nos distrae de encontrar una salida del foso de mierda. Estamos tan sumergidos que hemos empezado a tragarla. A mí no me resulta agradable, aunque a muchos parezca encantarles.

¿Por qué nos cuesta tanto hacer las cosas que queremos hacer? Es la falta de sentido del mundo, que nos engulle. Este aire ya no es respirable, y todo lo que se hace en él hiede inevitablemente a triste mediocridad o a sensata esquizofrenia. Pero es hora de echar cuentas. A todo esto culpo -junto a mí mismo, faltaría- de mis fracasos amorosos, de mi mediocridad académica, de mi frialdad (e incluso brusquedad) como hijo, de mi ingrata falta de apego por mis amigos, de esta falsa frivolidad que me protege en este mundo insensible. No veréis a nadie llorar en las calles, por bajas que vayan las miradas, y aún menos a alguien consolar a otro alguien. Así de rotundo se muestra nuestro pesar.

Y en este naufragio, ¿no hay faro? ¿nadie se preocupó cuando empezamos la travesía racional de dejar en tierra una luz que nos guiara si quedaban nuestros cuerpos a la deriva? Ójala pudiera dar respuesta, y no dudo de que seguramente sería ésta el amor. Pero, ¿no cuestionamos ya hasta el amor? ¿no lo sometemos al frío cálculo de intereses? ¿No decimos que "estaré contigo siempre que lo bueno pese más que lo malo"? ¿QUÉ TIPO DE AMOR ES ÉSE NO INCONDICIONAL? ¿Qué condiciones acepta el amor sin dejar de ser tal cosa? Amar a todos suena a solución, aunque algo me dice que se podría parecer bastante a no amar a nadie. Y aún así, ¿se merece la raza humana ese amor?

La alegría es fugitiva porque -como dijo el capullo misógino de Schopenhauer- igual que el que camina debe ejercer una fuerza hacia arriba para no caer, igual nosotros tendemos a la muerte. Y nada podrá evitarlo. Ni el gimnasio, ni follar mucho, ni leer a Schopenhauer siquiera. Entonces, ¿en dónde hallaremos la transcendencia? ¿Qué da sentido a la vida? Sin duda, me estoy repitiendo pues ¿no sería esto idéntico a preguntarse por nuestro faro? Ya tenemos parte del mapa: la salvación que buscamos no puede estar en el mundo material, sino que debe venir de fuera.

Yo me quedo aquí, aunque todo me lleva a una pregunta. Una pregunta que duele: ¿quién está dispuesto a unir su transcendencia a algo definitivamente? ¿somos capaces de compromiso, aunque tan sólo sea con nuestra propia felicidad? ¿No nos han educado para ser críticos hasta con nuestros padres? Y ahora, que lo somos con nosotros mismos, con nuestra propia existencia ¿cómo seguir existiendo? Me siento en la parálisis del cienpiés que, al ser preguntado por la hormiga "¿cómo lo haces para coordinarte?", quedó helado por el pensamiento, incapaz de hacer lo que su instinto marcaba. En nuestro caso, equivale al instinto nuestra tradición heterosexual, matrimonial, hipotecada, por cuenta ajena y para toda la vida hasta que la muerte nos separe, amén. Yo no puedo hacer eso. Y ahora, ¿qué? Miedo a la libertad. Excusas baratas para seguir haciendo de cienpiés.

Escribo y no escribo a nadie. Me escribo a mí, porque ya de nadie son mis palabras. Y lo pongo a vuestra disposición como el pirotécnico lanza sus artificios, sin esperar nada a cambio. Quede esto a la vista de todo el que tenga valor para mirar. Quizás, con suerte, logre tocar algo de vuestra alma que sea tan dulce y sucio como lo que aquí expongo. Quien querría que lo leyera hoy sé que no leerá. Ya perdí ese tranvía, como tantos otros. Ojalá algún día aprenda a tomarlos sin caerme en marcha, y consiga curar las heridas. Pero de nada sirve estar curado si la compañia sigue tan herida como veo a los que me rodean. Es algo que debemos hacer juntos o no hacer. Yo he empezado. ¿Nos vamos?

3 comentarios:

Cranko dijo...

Dado que supongo que recomendarte rezar 3 avemarías y 2 padre nuestros no te servirá de consuelo, lo mejor que se me ocurre es que nos reunamos y hablemos, creo que nos vendrá bien a ambos. Mientras tanto, trata de no pensar, y si lo haces, que sea bajo la supervisión de un adulto o de una buena religión. ¿Porque drogas aun no tomas, no?

Abrazos, brillante escrito.


Pd. Si te parece poco interesante la oferta, te dejo que te traigas un bote de cola cao. Yo pongo el ponche.

Pedro Abellán dijo...

jeje. Ay Pablito, ¡qué bien nos entendemos! jeje. Por suerte o por desgracia, que eso quiere decir que vemos las mismas miserias... Dime donde tengo que llevar el colacao...jajajajaaja

Te adoro

Pedro

Cranko dijo...

A partir del domingo 10 a las 21.00, que es cuando llego a Madrid (si llego, visto el temporal que se me viene encima), donde quieras.

Abrazos y abrigos