30 may 2009

Y sin embargo...

Y sin embargo, a veces, miro atrás.

A veces duele que fuese así... A veces rasga pasar por el mismo rincón. Mirar la almohada vacía, supirar delante de un vaso después de haber sido bebido el trago más dulce... No importa lo que ahora sea, lo que ahora reclama el día a día... queda un recuerdo de algo bueno que no está, y eso se queda una y mil veces; y, aunque el tiempo lo difumina, no lo borra -por mi esperiencia- nunca.

Y esa es la razón por la que cuando subo las escaleras, a veces me paro en el rincón del descansillo: suspiro y miro atrás para descubrir que ya no me sigues, que no hay nadie. Y entonces, tomo aire, y sigo con mi vida, sonriendo, saliendo de fiesta, amando... pero con eso guardado en el bolsillo, dispuesto a salir cuando vuelva a subir esas escaleras.

En cualquier caso, siempre las subo. Y Tú me esperas arriba con una rosa y todo lo que me quieres... y entonces todo está claro. Todo el camino hasta aquí cobra sentido, y nada es triste ya.

Y sin embargo...

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